viernes, 1 de junio de 2012

Gervasio Sánchez

Antes que nada quiero dejar claro que mi intención era hacer un comentario sobre algún fotógrafo menos conocido con la idea de mostrar la obra de alguien menos consagrado. El problema es que después de mucho dudar y buscar me he tenido que decidir por una fotografía de Gervasio Sánchez ante la falta de información e imágenes para poder hacer el comentario que deseaba. Mi primera elección había sido la fotógrafa valenciana Ana Yturralde, en concreto su fotografía: un lugar llamado memoria, tuve que desecharla ante la falta de imágenes suyas en la red que pudiera utilizar para mi trabajo. Por otro lado la información que encontraba sobre la fotografía era escasa para realizar un trabajo. De todas maneras, si alguien tiene intención de conocer parte de su obra dejo aquí el enlace a su página web: http://www.anayturralde.com/

Dicho esto -sirva como excusa para volver sobre la obra de Gervasio Sánchez- me he decidido por un fotógrafo más conocido y con más información a mi disposición. Gervasió Sánchez es sobre todo conocido por su trabajo como fotoperiodista, de todas maneras en su obra tienen un gran peso los retratos de los protagonistas de sus historias. Desde los rostros alucinados de los niños soldados hasta la paciente resignación de las víctimas de las  minas, hay en la obra de Gervasio un especial cuidado por mostrarnos las miradas de los seres humanos. Rostros que son la representación del dolor y la esperanza, de la sinrazón de la violencia y la emoción de la vida.

No voy a extenderme en exceso en el conjunto de la obra de Gervasio Sánchez, en una entrada anterior expuse mis impresiones sobre la magnífica exposición antológica que está teniendo lugar en el edificio de Tabacalera de Madrid hasta el próximo día 10 de junio.

Como breve apunte biográfico diré que Gervasio Sánchez nació en Córdoba en 1959. En el curso de su trabajo ha cubierto los principales conflictos que han acaecido desde los años ochenta del pasado siglo hasta la actualidad. Los principales conflictos armados de América Latina de los años ochenta, la Guerra del Golfo, el conflicto que asoló los Balcanes en los años noventa, diversos países de África y Asia. Como reportero ha trabajado para el Heraldo de Aragón, La Vanguardia, la Cadena Ser, la revista Tiempo e incluso la BBC. Tiene una extensa lista de premios de la que únicamente nombraré el premio Ortega y Gasset en 2008 y el premio Nacional de Fotografía en 2009. Hasta el momento es el autor de las siguientes publicaciones:




  • "El cerco de Sarajevo", libro fotográfico publicado en 1994.
  • "Vidas minadas", exposición y libro fotográfico lanzadas en 1997, con la colaboración de Médicos sin fronteras, Manos Unidas e Intermon.
  • "Kosovo, crónica de la deportación", libro fotográfico publicado en 1999.
  • "Niños de la guerra", publicado en septiembre del año 2000.
  • "La caravana de la muerte. Las víctimas de Pinochet", publicado en el 2001.
  • "Los ojos de la guerra", publicado en el año 2001 junto a Manuel Leguineche
  • "Cinco años después. Vidas Minadas". Del año 2002.
  • "Latidos del tiempo", junto al escultor y artista plástico Ricardo Calero, publicado en el 2004.
  • "Salvar a los niños soldados". Novela publicada en noviembre del 2004.
  • "Sierra Leona. Guerra y Paz". Libro fotográfico publicado el 2005.
  • "365 Vidas minadas". Libro fotográfico, 2007.
  • "Vidas minadas, Diez años". Libro fotográfico, 2007.
  • "Desaparecidos". Libro fotográfico, 2011



  • La fotografía que quiero comentar de Gervasio Sánchez se llama "Niñas tras el cristal del coche" no es exactamente lo que catalogaríamos como retrato, aunque creo que el sujeto principal de la imagen, más allá del elemento perturbador del cristal agujereado, son los rostros que miran a la cámara.

    
    Niñas tras el cristal del coche
     1.NIVEL CONTEXTUAL

    En este apartado se trataría de situar la imagen en el tiempo y el espacio, en un intento de contextualizar la imagen haciéndola más comprensible.

    El título, como ya he comentado, es " Niñas tras el cristal del coche" Es un título descriptivo que deja poco margen al comentario, no aporta más información que lo que estamos viendo. Es evidente que son cuatro niñas y es evidente que nos miran desde detrás de un cristal de un coche. Que un título tan, podríamos decir simple, nos introduzca en una imagen tan impactante es algo que llama la atención. Sin ver la imagen el título nos remite a un asunto cotidiano y banal, unas niñas en el interior de un coche no parece a priori un gran tema, frente a ese comentario casi trivial se yergue la impactante imagen de cuatro rostros apenas visibles tras el rastro dejado por la munición en el parabrisas de un vehículo. ¿Qué es lo cotidiano para esas cuatro niñas?

    El autor, como ya he dicho, es Gervasio Sánchez y el año en el que fue tomada la fotografía fue marzo de 1994, en pleno conflicto de los Balcanes. Habría que recordar como la guerra de los Balcanes sorprendió a la opulenta y satisfecha Europa, cuando situó, en su mismo corazón, una de las guerras más crueles y sanguinarias de los últimos tiempos. La guerra ya no era cosa de etnias atrasadas que arrasaban poblados a machetazos, tampoco se trataba de lejanos orientales sin un rostro diferenciado cegados por el virus del comunismo, la guerra estaba en el barrio de al lado, se desarrollaba sobre históricas ciudades europeas, arrasando bibliotecas y avenidas, parques, puentes y cotidianos parabrisas de coches como los nuestros.

    La misma imagen que estoy utilizando tiene diferentes formatos. Por un lado, en el blog he subido un archivo electrónico que he encontrado en internet; por otro, para comentarla, utilizo la reproducción de la misma imagen que fue publicada en el folleto de la exposición Antología. El tamaño de la imagen impresa es aproximadamente un DIN A4, y aunque la calidad no es demasiado buena, me permite observar con mayor detenimiento la imagen.

    En cualquier disciplina artística clasificar por géneros es un ejercicio que a priori parece fácil pero que en la práctica, ante la obra de arte concreta, resulta más mutilador de los posibles significados que clarificador. En un principio, la imagen que estoy comentando, creo que entraría en la fotografía de guerra, por el momento histórico en el que se realizó, pero quedarse sólo en ello me parece empobrecer el significado. Creo que también es un retrato, forma parte del fotorreportaje, por su valor estético podría participar de la fotografía artística y  es innegable su mensaje social. Que cada cual le ponga su etiqueta, clasificar es humano, y no voy aquí a negar su valor.

    Parámetros técnicos:

    La fotografía, tal y como se nos muestra, es en blanco y negro sin ningún tipo de virado o dominante. En este punto debería señalar que llama la atención la fuerte presencia del grano en la imagen. No tengo muy claro si se trata de un problema de la imagen sobre la que yo trabajo o es una característica del original. En los rostros que se nos muestran tras el cuarteado cristal aparece de forma ostensible el grano. No sé si el original fue tomado con fotografía analógica o ya en aquella fecha utilizó el formato digital, parece más probable que dada la fecha en la que fue tomada se trate de una imagen procedente de una película de sensibilidad elevada.

    No dispongo de información sobre la cámara o el soporte en el que fue tomada la fotografía, la copia en papel sobre la que yo trabajo es una impresión (de no demasiada calidad) de 18x26 cm, lo que da una ratio aproximada de 2:3. Este tamaño se aproxima bastante a la proporción de un negativo clásico de 24x36 mm.

    Tampoco dispongo de datos sobre el objetivo utilizado, con mis escasos conocimientos no me aventuro a lanzar alguna hipótesis que pueda resultar una barbaridad. Sobre la luz sólo puedo decir que se trata de iluminación natural. La única sombra que parece dar un pista es una piedra situada sobre la capota del coche, la piedra proyecta una pequeña sombra hacia delante. Imagino que se trata de la luz del sol en las horas centrales del día. La suavidad de la luz indicaría que se trata de un día brumoso en el que un sol sin fuerza baña la escena, remarcando la claridad sobre unos rostros en la transición entre el exterior iluminado y la penumbra del interior del vehículo.


    2.NIVEL MORFOLÓGICO

    Supongo que el análisis morfológico de la imagen debería comenzar con una descripción de lo que la fotografía representa. Trataré de ser breve, ateniéndome a la vieja máxima de que "una imagen vale más que mil palabras" En la fotografía que nos ocupa hay dos espacios: uno exterior, que apenas nos sirve para contextualizar el tema; y otro interior, donde se sitúan las cuatro protagonistas de la escena. El interior, evidentemente más oscuro, tiene los rostros de las cuatro niñas como el elemento principal, quedando en segundo plano cualquier otro elemento. Frente a los rostros, a modo de transición entre el exterior y el interior del vehículo, se encuentra la frontera del cristal hecho añicos. Es éste elemento el que le da sentido a toda la composición. Cuatro niñas observando desde el interior de un coche no pasaría se ser un motivo sin grandes pretensiones. La carga dramática y significativa la dan los restos del cristal acribillado, con agujeros de proyectil, que hurta a la cámara la mirada de las protagonistas.


    El punto.
    Desde luego en la copia con la que yo trabajo el grano es plenamente visible. No estoy muy seguro de la afirmación que aparece en los apuntes de que una mayor presencia de grano provoca un distanciamiento de espectador. En este caso en concreto, para mí como espectador, la presencia del grano la veo más cercana a la urgencia en la toma de la fotografía. Los rostros en la penumbra están ahí, y seguramente no por mucho tiempo, hay que aprovechar el momento a costa de sacrificar una mayor calidad. Imagino que el uso de un carrete (si es que la fotografía era analógica) con una ISO alta que permitiera capturar con poca luz produjo este efecto. Compositivamente, el punto no tiene una gran importancia en la fotografía. No hay un punto de fuga que le de profundidad a la composición. La profundidad de la imagen se consigue por la anteposición de unos elementos a otros: cristal, rostros, fondo. Así como por las diferencias de luz: el frente está más iluminado que el fondo.

    La línea.
    En la composición predomina la línea. Líneas enmarcan a las protagonistas: los bordes del parabrisas. También es una línea horizontal la que ordena y dispone a las protagonistas. Supongo que esto remarca cierto estatismo en la escena. Es una composición serena y sin movimiento.

    El plano-espacio.
    Creo que en esta fotografía el plano es el elemento fundamental que da fuerza y sentido a la escena. Ya he comentado antes como son esos planos ( y no líneas o puntos de fuga) los que generan la sensación de profundidad. Los elementos se ordenan en distintos espacios que se suceden conforme se alejan de la cámara. También estos planos adquieren un valor semántico, dándole sentido a lo que vemos. Especialmente, ese plano interpuesto y translúcido del cristal quebrado es el que se contrapone a la mirada siempre inocente de la infancia. No son niñas normales en circunstancias normales. Algo no funciona... y ha dejado su rastro en el cristal.

    La escala.
    Las cuatro protagonistas están representadas en un plano medio.

    La forma.
    Los elementos más diferenciados son las figuras humanas. A pesar  de que la escena tiene una falta de claridad, debido al elemento perturbador del cristal, las formas humanas, sus rostros, sus miradas, son reconocibles y tienen sentido.

    La Textura.
    Como ya he comentado en la imagen es evidente la presencia del grano. En especial en el interior del vehículo.

    Nitidez de la imagen.
    En conjunto la imagen no es especialmente nítida. La presencia de grano, y la interposición de un elemento translúcido entre la cámara y los protagonistas, aumenta la sensación de falta de nitidez, de contornos precisos en la imagen. Puede que esa misma falta de nitidez envuelva la escena con un cierto aire de irrealidad, de momento soñado, en el que la guerra se detiene para observar la mirada de cuatro niñas.

    Iluminación.
    La luz es un elemento clave en la escena, resaltando el motivo principal: los cuatro rostros; y dándole profundidad: el fondo del coche se pierde en la penumbra. La luz es natural, procedente del sol. Se trata de una luz suave que no provoca sombras profundas, más bien parece la luz de un brumoso día invernal. La dirección de la luz la podemos ver en la piedra que descansa sobre el techo del coche. La piedra proyecta la sombra hacia delante, una sombra suave y sin fuerza. El sol estaría en lo alto e iluminaría la escena un poco desde atrás dejando a las protagonistas en la zona de sombra del techo.

    Contraste.
    El contraste en la escena no es demasiado fuerte, dominando los tonos medios.

    Blanco y negro.
    La fotografía se reproduce en blanco y negro, creo que la elección del blanco y negro sobre el color aumenta la expresividad de la escena. El blanco y negro nos trasmite una mayor carga emotiva. Si el color es realidad, el blanco y negro es sentimiento. En esta toma parece claro que el objetivo está más cerca de trasmitir al espectador un valor emocional, una idea del cotidiano dramatismo de la guerra.

    3.NIVEL COMPOSITIVO

    Sobre los aspectos compositivos de la fotografía haré un comentario general, ya he ido comentando los diferentes aspectos y corro el riesgo de repetirme en exceso.
    Como ya he comentado la composición no tiene perspectiva o puntos de fuga que ayuden a ordenar y dar profundidad a la escena. El principal elemento de la composición, las miradas de las protagonistas, se distribuye a lo largo de una línea horizontal. Ésta, aproximadamente, recorrería la línea que divide el tercio superior y medio de la imagen. Estas características generan una composición estática, equilibrada, pero falta de movimiento. Todo está en reposo. Este elemento compositivo también contrasta con el significado que para todos tiene una guerra como un elemento inestable y de cambio.
    La tensión, la fuerza expresiva de la imagen, la genera la interposición de plano translúcido entre las miradas y la cámara. Los ojos se sitúan en los pequeños espacios transparentes que deja el cristal resquebrajado. Ese juego del mirar desde lo oculto, de esconderse y ser vistas, genera una gran fuerza dramática.
    La imagen tendría cierto "equilibrio estático" causado por la repetición del motivo: cuatro niñas; y por la distribución horizontal de los principales elementos.
    El espacio es importante en la imagen. Hay un juego entre espacio interior y espacio exterior. Entre espacio pequeño y protegido y el exterior amplio y peligroso. La imagen nos muestra principalmente el espacio interior del vehículo, dejando fuera de campo el resto del coche, la calle y suponemos que la guerra. Todos esos elementos han dejado su huella en el cristal, que delimita, aisla y hasta parece proteger a las protagonistas. Dentro y fuera adquiere un significado especial. ¿Están a salvo en el interior?
    El tiempo representado en la escena adquiere cierta atemporalidad. Las protagonistas sonríen serenas, no hay prisa. El estatismo del que ya hemos hablado ayuda a generar la sensación de tiempo pausado, casi detenido.

    4.NIVEL ENUNCIATIVO

    En este punto habría que comentar la "ideología implícita" en la imagen, la "visión del mundo" que trasmite. Creo que tanto la elección del tema por parte del autor, como la disposición compositiva de la escena, trasmiten una "visión del mundo" que ahora trataré de justificar y para la que me basaré no sólo en esta imagen sino en el conjunto de la obra de Gervasio Sánchez.
    La imagen está tomada a la altura de los ojos, y estos miran sin pudor a la cámara, con naturalidad. Creo que el autor trata de transmitirnos humanidad. La humanidad que se esconde tras toda guerra: las víctimas. La guerra como algo atroz y desproporcionado esconde historias de banal cotidianeidad. Gentes que viven su día a día más allá de los disparos de los francotiradores. Creo que en muchas ocasiones esta es la forma más acertada de lograr la identificación del espectador. De colocar al espectador en el lugar que el autor quiere: frente a sí mismo, como posible víctima. Voy a poner un ejemplo. Recuerdo que una de las historias que más me han impresionado sobre la represión de los judíos por los nazis la cuenta Stefan Zweig en su libro autobiográfico El mundo de ayer. En el libro cuenta como su madre, una señora de avanzada edad, acostumbraba a dar largos paseos a diario, en un momento dado tuvo que dejar de caminar porque cuando se cansaba no podía sentarse en los bancos de los parques, esto les estaba vedado a los judíos. Esta anécdota, evidentemente sin importancia, dadas las características que finalmente tuvo la persecución de los judíos, me alcanzó de una manera especial. ¿Cómo alguien puede ser capaz de negarle el asiento a una anciana? En ocasiones nos resulta difícil comprender los grandes horrores, imagino que nos defendemos de ellos de una manera inconsciente, pero conectamos con aspectos cotidianos que nos parecen más cercanos.
    De vuelta a la imagen, creo que el autor, de forma deliberada, ha querido que conectemos con los horrores de la guerra a través de la mirada serena, puede que anecdótica, de cuatro niñas. Sin olvidar que la guerra está ahí, al otro lado del cristal, y que su rastro nos impide verlas con claridad.







    El reloj de Gerald Millerson




    El ejercicio consiste en la realización de dos series de fotografías en las que el sujeto y la cámara permanecen en la misma posición mientras la iluminación, consistente en un flash portátil, va girando en torno al modelo hasta completar una circunferencia completa. Cada una de las doce fotos que se realizan para completar la circunferencia se sitúa en la posición que ocuparían las horas en la esfera de un reloj.

    En la primera de las series, realizada a 1/125 y 22f, el foco de luz se ha situado a la altura de los ojos del sujeto, correspondiente a la hora 3, si suponemos una circunferencia vertical, en cuyo cénit se sitúan las 12 horas. En las 6 horas horizontal el sujeto estaría iluminado totalmente de frente recibiendo la luz desde una altura similar a la que están los ojos. La hora 12 sería la que situaría el foco en el lado contrario a la cámara, mostrándonos exclusivamente el halo que forma la silueta del sujeto.

    La segunda serie de fotografías se realizó con una velocidad de 1/125 y una apertura de 16f, en ella la fuente de luz se eleva hasta la altura de 1 horas en la vertical. El proceso fue igual que para la primera serie, una vez situado el flash a la 1 hora vertical, se comienza colocando la luz en las 6 horizontal, frente al sujeto, y se va girando, realizando una foto por cada hora de la circunferencia horizontal.

    El objetivo de todo este proceso es doble. Por un lado, observar el efecto de ir modificando la situación de una fuente de luz sobre el rostro; por otro, crear una esfera imaginaria alrededor del sujeto fotografiado que permita situar cualquier fuente de luz dando unos parámetros horizontales y verticales, parecido a como se puede localizar un punto sobre la esfera terrestre con los meridianos y los paralelos.

    Esta es la primera serie de doce fotografías realizada desde las 3h vertical:


    3h vertical

    Vuelvo a subir las seis fotografías que supondrían media circunferencia para poder observar mejor el efecto de la luz sobre el rostro:
    <>
    6h
    7h
    8h
     9h
     10h
     11h

    Cuando la luz se sitúa a las 6 horas la cara está totalmente iluminada, no aparecen sombras sobre el rostro, por lo que éste da una sensación de superficie plana, falta de relieve, con un menor volumen. A medida que la luz se desplaza, las 7 horas y siguientes, las sombras se van haciendo más perceptibles, aumenta el modelado y la textura. El problema puede venir con el retrato, un aumento de la textura puede dejar más expuestas las imperfecciones del rostro a la cámara.

    La segunda serie de fotografías, la fuente de luz se sitúa en la hora 1 vertical, a unos 33º del cénit de la circunferencia vertical:

    1h vertical

    Como en la anterior, vuelvo a subir las seis fotografías de la primera semicircunferencia para apreciar mejor el efecto de la luz en el rostro:

    6h                         7h
     8h
     9h
    10 h11h


    Cuando la luz está colocada por encima de la altura de los ojos del sujeto, el resultado es la aparición de sombras sobre el rostro. La nariz y las cejas proyectan pequeñas sombras que aumentan el modelado. La sombra del sujeto se proyecta a su espalda, por debajo del punto de visión, lo que permite que la sombra no sea visible en la fotografía. En definitiva, una posición elevada de la fuente de luz suele dar unos resultados más atractivos. De hecho, una de las posiciones clásicas en el retrato, la conocida como "paramount" coloca la fuente principal de luz a una cierta altura sobre la cámara. Al igual que cuando la fuente de luz estaba a la altura de los ojos, desde la posición de 1 horas vertical, cuando vamos rotando el flash hacia las 7 horas horizontal y siguientes, las sombras aumentan en el rostro, y con ellas el volumen y el dramatismo de la escena. En las fotografías realizadas a las 7 y a las 8 horas aparece, en el lado en penumbra del rostro, el característico triángulo iluminado de la posición conocida como "Rembrand".

    martes, 8 de mayo de 2012

    Focal y rostro


    Empezaré presentando el trabajo y comentando los problemas que he tenido en su realización.  El ejercicio ha constado de diez fotografías realizadas con un objetivo Canon 18-135 mm. Se trataba de ir haciendo fotografías de un rostro, aumentando la distancia focal, para apreciar cómo influye dicha distancia en la distorsión de los rostros cuando tratamos de hacer un retrato. Es un intento de averiguar cuál sería la distancia focal idónea para la realización de retratos en primer plano con mi objetivo. La primera dificultad a la que me enfrenté, obviamente, fue conseguir convencer a la modelo para que posara, salvado este primer escollo con la promesa de una invitación a merendar, surgió el problema de mantener el encuadre en primer plano a distancias focales muy diferentes. El mayor problema lo representaban las distancias focales cortas, a 18 mm, si quería que todo el rostro ocupara la fotografía me debía acercar tanto a la modelo que la cámara no me permitía enfocar. La solución me llegó de la mano del compañero José Antonio, cuando me planteó que cerrando el diafragma podía aumentar la profundidad de campo, de tal forma que, aunque la cámara no me permitiera enfocar al rostro, este saldría correctamente enfocado en la fotografía. En las dos primeras fotografías tuve que cerrar el diafragma tanto como me lo permitió la luz. El último problema fue mantener el encuadre mientras me iba desplazando, alejándome de la modelo, a medida que aumentaba la distancia focal. Con un poco de maña y algo de recorte en Lightroom el resultado creo que es aceptable para mis posibilidades.





    La primera conclusión que se extrae de la serie de fotografías es que se produce una distorsión del rostro a medida que cambiamos la distancia focal en nuestro objetivo. La distorsión más evidente se produce en las distancias focales más cortas. A 18 mm se produce un efecto barril, el rostro se deforma apareciendo la nariz mucho mayor y aumentando la sensación de profundidad desde la nariz hasta las orejas. Este efecto se mantiene en las fotografías siguientes y desaparece a partir del uso de una distancia focal de 50 mm. Entre 50 mm y 100 mm el rostro se mantiene bastante fiel al original y a partir de 115 mm se produce el efecto contrario al que se producía con las distancias cortas. El rostro se ensancha y pierde profundidad, dando una sensación, y perdón por la expresión, de "cara plato".

    Uno de los problemas que me surgen es que en ejercicios anteriores llegué a la conclusión de que en mi cámara -dado mi sensor, tengo un factor de multiplicación de 1'6-  mi focal "normal" estaría en algo menos de 30 mm. Con esta distancia focal yo dispondría de un campo de visión similar al ojo humano, pero el problema es que con una focal de 30 mm mi cámara distorsiona el rostro como si estuviera utilizando un angular, que por otro lado es verdad que lo estoy usando. Llegados a este punto, aparte de dejarme arrebatar por la desesperación, me veo más ante una disyuntiva que ante una solución: o sacrifico campo de visión, o sacrifico distorsión.

    En el tema que ahora nos ocupa, el retrato, parece claro que es más interesante sacrificar campo de visión en aras de mantener el rostro lo más similar posible al original. La distorsión que se produce en el rostro, en especial la producida por los angulares, no resulta en exceso favorecedora y únicamente se podría usar con alguna intención diferente a la de ser fiel al original.

    He estado rastreando este tema por internet y el resultado no ha sido demasiado clarificador. En algún lugar he leído que la mejor focal para el retrato es 135 mm, supongo que será con otra cámara y otro objetivo, en mi caso se produce un aplanamiento y ensanche de la cara que no resulta favorecedor. En alguna otra página comentaban que la focal más correcta sería la que resultara del doble de la diagonal del sensor, en mi caso el sensor mide 28'4 de diagonal, luego la mejor distancia focal estaría sobre 60 mm. Esto quizás se acerca más a los resultados que he observado en el ejercicio, el rostro comienza a salir correctamente a partir de 50 mm y se mantiene en una deformación correcta hasta los 100 mm.

    La conclusión sería que la distancia focal más correcta para fotografiar rostros en primer plano, en el caso de mi cámara y mi objetivo actual de 18-135 mm, estaría en una banda que se movería a partir de los 50 mm de distancia focal y hasta los 100 mm.

    Por último, dejo los tres ejemplos más significativos en grande para que se puede apreciar mejor la distorsión del rostro



    35 mm

    60 mm

    135 mm

    domingo, 1 de abril de 2012

    Lewis Hine

    Entre el 11 de febrero y el 29 de abril de 2012 se expone en la sala de exposiciones Recoletos de la Fundación Mapfre un muestra del trabajo del fotógrafo Lewis Hine.


    Mecánico trabajando, Lewis Hine
    La muestra recoge 170 imágenes procedentes de la George Eastman House (Rochester, Estados Unidos) del fotógrafo norteamericano Lewis Hine (Wisconsin, 1974 - Nueva York, 1940). Lewis Hine fue uno de los padres de la fotografía documental. Comprometido en su tiempo con la causa de los trabajadores, trabajó activamente para que sus fotografías denunciaran las duras condiciones de vida para amplias capas de la población en la América de comienzos del siglo XX. 

    Profesor y sociólogo, Lewis Hine abandonó la docencia en 1908 para dedicarse plenamene a la fotografía. Antes de eso, junto con sus alumnos, había realizado en torno a 1904 un gran trabajo sobre los inmigrantes recién llegados a América y que debían esperar para ser admitidos en la famosa isla de Ellis.
    Siempre con la intención de usar la fotografía para mostrar las injusticias y de esta manera luchar para erradicarlas.


    A partir de 1908 trabajó para la National Child Labor Committee, con el objetivo de combatir el empleo infantil en las fábricas americanas. Hine documentó cuidadosamente multitud de ejemplos. El impacto producido en la opinión pública por sus trabajos ayudó a que fuera cambiando la legislación relativa al trabajo de los menores.

    Su trabajo siguió desarrollándose durante esos años en los barrios obreros de las ciudades industriales de Estados Unidos. Sus obras mostraron la situación de explotación y abuso de los trabajadores americanos. Después de la I Guerra Mundial viajó a Europa para documentar el drama de los refugiados al finalizar la contienda.

    A partir de 1919, de nuevo en Nueva York, Hine retoma su trabajo en torno al mundo laboral. Su objetivo será mostrar la dignidad que el trabajo confiere al ser humano, la serie, que él denominó retratos laborales,  es una abierta exaltación de los trabajadores.

    Esta exaltación del mundo del trabajo culmina entre 1930 y 1931 con el reportaje sobre la construcción del Empire State en Nueva York. Hine fue registrando en imágenes la construcción del gran rascacielos, emblema de la lucha de los Estados Unidos por salir de la Gran Depresión. Todas estas imágenes sobre el mundo del trabajo darían lugar, en 1932, a su única publicación: Men at Work.

    A finales de la década de 1930 Lewis Hine no supo o no pudo integrarse en las nuevas agencias gubernamentales nacidas al amparo del New Deal. Organismos como  la Farm Security Administration, en la que trabajó Walker Evans, entre otros fotógrafos, fueron mostrando la difícil vida de los menos favorecidos tras la Gran Depresión.

    Su último encargo lo realizó en una factoría textil de Connecticut, en estas fotografías muestra un mayor interés por las telas y las máquinas como formas abstractas, esto hace pensar que había empezado a considerar la fotografía desde un nuevo ángulo.

    En 1940 murió en la más absoluta pobreza, dependiendo de la beneficiencia en sus últimos años.

    Si alguno tiene oportunidad de pasar por Madrid recomiendo vivamente que visite esta exposición, es un placer observar todas esa imágenes clásicas, muchas de ellas son iconos de la América de la emigracion de comienzos del siglo XX o de la construcción de los grandes rascacielos. No he creido oportuno reproducir más fotografías en el blog y he preferido colgar el enlace a la página web de la fundación Mapfre en la que hay una muy interesante presentación de la exposición y de la obra de Hine.


    Gervasio Sánchez: Antología



    Cartel de la exposición


    Antología es una muestra del trabajo del fotoperiodista Gervasio Sánchez desde 1984, año en el que comienza su trabajo en Centroamérica, hasta la fecha. Antología se expone en un antiguo edificio industrial de Tabacalera  (en la calle Embajadores, 53 de Madrid) y se mantendrá abierto al público del 6 de marzo al 10 de junio de 2012.
    La exposición la organiza la Secretaría de Estado de Cultura con motivo de la concesión a Gervasio Sánchez del Premio Nacional de Fotografía 2009, otorgado por el Ministerio de Educación. A través de 148 fotografías, cerca de 100 retratos y 6 audiovisuales, se realiza un extenso recorrido por la dilatada trayectoria fotoperiodística de Gervasio Sánchez

    Balcanes

    Antología va un paso más allá de la simple muestra del trabajo de los últimos 25 años de Gervasio Sánchez. La exposición es toda ella una instalación en la que juega un papel principal, junto a las propias fotografías, el espacio, la luz y la música. La visita a esta exposición es toda una experiencia, una emoción difícil de olvidar.


    Imagen de la exposición


    Las salas de la antigua Tabacalera, viejas y desconchadas, con un cierto punto de espacio ruinoso y abandonado, acompañan perfectamente la muestra fotográfica que cuelga de sus muros. El dolor y la humanidad que asoma desde las instantáneas parece encajar mejor en estos viejos muros abandonados que en las asépticas paredes blancas de cualquier otra sala de exposiciones. La música, muy cerca en ocasiones del ruido impactante, y los montajes audiovisuales van acompañando al visitante a lo largo de la exposición. En la penumbra y soledad de pequeñas salas se van proyectando breves montajes en video. La sucesión de imágenes, al ritmo de la música, logra sobrecoger e impactar.


    El Salvador, 1989

    Las fotografías se organizan a lo largo de cinco grandes bloques temáticos: América latina, Balcanes, África, Vidas minadas y Desaparecidos. Son series de imágenes, que se corresponden con otros tantos trabajos previos del autor, y que nos van mostrando el trabajo de Gervasio Sánchez como fotoperiodista en los principales conflictos que han ido sucediendo en el mundo desde los años ochenta. Las fotografías son todas de gran tamaño y se reparten entre el color y el blanco y negro. Quizás, creí observar, el autor utiliza en mayor medida el color para mostrar el dolor en su extrema dureza, el instante trágico y espeluznante, y el blanco y negro para dar un cierto aire reflexivo y sereno a los trágicos momentos que nos enseña.



    Niña, pizarra, bicicleta



    Resulta difícil hablar sobre las fotografías, son tantas y tan impactantes que es complicado centrarse en alguna en concreto. Una buena parte de ellas son realmente duras, en muchos casos me resultaba complicado sostener la mirada sobre las escenas fotografiadas. Muerte, violencia, dolor, gritos desgarradores y sangre derramada sobre sucios suelos. Surge la duda: ¿Para qué? ¿Tiene sentido mostrar todo ese dolor a una sociedad opulenta y satisfecha como la nuestra? Esas imágenes: ¿nos conciencian de las miserias del mundo o nos anestesian la conciencia? Y cuando estoy en lo peor de mi debate aparece algo en las imágenes que les hacer cobrar un cierto sentido y significado más allá de la simple representación de las miserias de nuestro mundo. No lo llamaré esperanza, me parece que es algo que está más cerca de un vago concepto de lo humano. Junto a esas imágenes de dolor sin medida hay seres humanos, personas que miran a la cámara, hasta niños que saltan y juegan entre las ruinas en las que ha quedado reducida su ciudad. La vida continúa, con o sin esperanza, la vida continúa porque vivir es un cualidad de la condición humana. Y en esa vida en la frontera, en ese límite de lo humano, es donde se sitúa la cámara de Gervasio Sánchez, recordándonos tanto la miseria de la vida  como su aspecto inexorable. Mientras hay vida hay... vida, y no queda más que vivirla. Y la cámara, más bien el ojo, del fotógrafo nos lo muestra desde la belleza. Y esto, personalmente, sí que lo considero como la última esperanza. Algo se conmueve en el interior de uno mismo cuando, en desgarradora contradicción, se enfrenta el sufrimiento humano y la belleza. Muchas de sus instantáneas son de una belleza dolorosa, pero bellas, extremadamente bellas en algunos casos. Creo que la exposición mueve en el interior una profunda emoción reflexiva sobre un mundo que sólo conocemos a través de las imágenes, con toda la grandeza y la miseria que ello conlleva. Un mundo que entra fugaz en nuestras vidas y que con la misma fugacidad obviamos y arrinconamos. Quizás, lo que más admiro de la obra de Gervasio, es su intento de dar un mayor sentido a su trabajo como reportero gráfico más allá de esa fugaz vanalización que imponen los medios de comunicación. Su obra ha tratado de rastrear personas individuales, superando su condición de momentáneas víctimas anónimas, a lo largo de su vida. La serie de fotografías de vidas minadas es un ejemplo de cómo se puede ir más allá del momento periodístico concreto para contar la  compleja historia de una persona.


    Sofia 14/19/24 años




    Kosovo, 1999

    Biblioteca de Sarajevo, 1993





    Por último quiero resaltar el compromiso de Gervasio Sánchez con sus ideas reproduciento un pequeño fragmento de su discurso cuando, en 2008 y ante representantes del gobierno y del principal partido de la oposición de ese momento, se le hizo entrega del Premio Ortega y Gasset:

    "Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de las minas y al desminado.

    Es verdad que todos los gobiernos españoles, desde el inicio de la transición, encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas

    Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabricamos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas

    Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo, y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

    Pero como Martin Luther King, me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.
    Muchas gracias."




    Video exposíción: http://www.youtube.com/watch?v=vROKrH7Ewzo

    Imagen de la exposición



    Discurso de Gervasio Sánchez:  http://www.youtube.com/watch?v=MRbRuTXgt1I
    Imagen de la exposición



    martes, 6 de marzo de 2012

    Fotografía de vanguardia en Cuba

    La exposición se celebra en la Sala de la Muralla del IVAM de Valencia entre el 14 de febrero y el 6 de mayo de 2012. Está organizada en colaboración con la Fototeca de Cuba y el Consejo Nacional de Artes Plásticas de Cuba. Se trata de una selección de 11 artistas y 107 obras que abarcan el período de los años 20, 30 y 40 del siglo XX. Las fotografías se sitúan en los decenios anteriores a la lucha contra la dictadura de Batista y el triunfo de la revolución, los fotógrafos que aparecen en esta exposición son los precursores de los grandes fotógrafos que inmortalizaron la estética de la guerra y revolución cubana.
    José Manuel Acosta
    Sin título.
    La exposición realiza un recorrido por una serie de obras y autores cubanos que, como dicen sus organizadores, "por primera vez y de manera consciente, asumieron la fotografía como medio para sus experimentaciones artísticas". Estamos ante fotógrafos que pretendieron dar un paso más allá de fotografía como mero testimonio de la realidad, introduciendo en sus obras nuevos valores estéticos.
    Todas las fotografías de la muestra son en blanco y negro, y en todas aparece la leyenda de "gelatina de plata sobre papel" (He tratado de averiguar en qué consiste la técnica pero sigo sin tenerlo nada claro). Entre las fotografías que se exponen unas son copias de época y otras son copias actuales de los negativos originales. En general se trata de obras en pequeño formato, especialmente aquellas que son copias de época.
    
    José Manuel Acosta
    Sin título
    
    José Manuel Acosta
    Sin título


    


















    Uno de los fotógrafos mejor representados en la muestra es Jose Manuel Acosta (1895-1973). A mi modo de ver la selección de sus obras es la más coherente y nos presenta a este fotógrafo como un artista ligado a las vanguardias del siglo XX. La temática de su obra va desde los temas clásicos como retratos o paisajes, hasta composiciones más innovadoras con grandes construcciones metálicas o elementos cotidianos. Aunque la elección de los temas pueda ser hasta cierto punto clásica, no lo es el tratamiento de la composición y el encuadre. En varios de sus retratos nos muestra al personaje desde contundentes contrapicados. En otras de sus obras la temática es más innovadora y el fotógrafo parece querer flirtear con las vanguardias artísticas del siglo XX. Así, en algunos casos, las fotografías no quedan lejos del sentido enigmático del surrealismo o de la estética tendente a la abstracción del cubismo. Como en la fotografía en la que el tema lo compone una mesa cubierta con revistas y pinceles vistos desde un punto de vista cenital o las otras en las que estructuras metálicas (incluso en un caso con cerillas) parecen querer recordar las formas geométricas del primer arte abstracto.
    
    
    José Manuel Acosta
    Sin título
    
    José Manuel Acosta
    Sin título
    
     
     




















    
    Joaquín Blez
    Cartel conmemorativo centenario
    de la fotografía en La Habana, 1939
    






    Otro de los fotografos con un mayor número de fotografías en la exposición es Joaquín Blez (1886-1974). Las fotografías que se nos muestran de este autor hacen sobre todo hincapié en sus estudios del desnudo femenino de los años veinte. Aunque a los ojos actuales no dejan de ser un tanto "clásicos" con un cierto aire "retro", sin embargo, como indican los organizadores de la muestra, supusieron una ruptura con la estética precedente muy ligada al desnudo femenino como representación de escenas mitológicas clásicas.
    





    Hay una serie de fotógrafos con un menor número de fotografías en la muestra, entre ellos Felipe Aloy, Raúl Corrales, Jorge Rodón Badell, Abelardo Rodríguez, Ricardo Repilado, Tito Álvarez, etc.  De todos ellos yo destacaría a Abelardo Rodríguez con unas fotografías en las que sobresale su cuidada e innovadora composición.


    
    Abelardo Rodríguez
    Sin título

    Abelardo Rodríguez
    Estudio en relieve

























    lunes, 30 de enero de 2012

    Focal efectiva

    En este ejercicio voy a ir tratando de ordenar algunos conceptos que hasta ahora tenía algo confusos. Empezaré por aclarar, más bien aclararme, el concepto de distancia focal:

    La distancia focal es la distancia en milímetros desde el centro óptico del objetivo al plano focal, esto es la película o sensor. Se define como centro óptico porque un objetivo no es una sola lente sino un conjunto de lentes que combinados dan lugar a un distancia focal resultante que se suele denominar distancia focal efectiva. Por lo tanto no es correcto obtener la focal de un objetivo midiendo desde un punto del objetivo al plano del sensor.

    Leído esto veo que estuve perdiendo el tiempo cuando, armado de una pequeña regla, traté de encontrar en mi objetivo el punto desde el que se medía la distancia focal.

    Hay varios factores a considerar relacionados con la distancia focal. Una propiedad de la distancia focal es que la imagen que se registra en el sensor es proporcional a esta distancia de forma que un objeto fotografiado con un objetivo de una focal de 150 mm es tres veces más grande que uno de 50 mm. La focal determina la ampliación del objeto captado. Otro de los factores, dependientes de la distancia focal, es el ángulo (o campo) de visión que cada focal obtiene al fotografiar. A menor distancia focal, mayor ángulo de visión. A veces oímos eso de dar unos pasos para atrás (o para adelante) para lograr la vista que se lograría con otro objetivo de menor (o mayor) distancia focal.

    En esta imagen se ve la relación entre la distancia focal
    y el angulo de visión .
    Hasta aquí parece que me ha quedado claro qué significa eso de la distancia focal y como influye en la toma de fotografías. Supongo que el tema es mucho más complejo e incluiría conocimientos de óptica pero creo que con esto de momento me puedo ir arreglando.

    Ahora entramos en el espinoso tema de la multiplicación focal o factor de multiplicación cuando utilizamos sensores APS.

    La distancia focal para un objeto a una misma distancia del objetivo producirá el mismo tamaño en la película o sensor, sin importar si su diagonal es o no de 35 mm. Lo que cambia es el tamaño del cuadro con el que se está realizando la toma. De aquí derivan las expresiónes utilizadas habitualmente de "ampliación de distancia focal", "multiplicación de distancia focal", "factor de multiplicación" o, incluso, "factor de recorte". En realidad, es el ángulo de visión el que cambia y no la distancia focal. Por ser los sensores más pequeños que la película, se capta un ángulo visual menor, necesitando de un factor de conversión o equivalencia (multiplicación) entre la lectura que hacen los objetivos y la que realmente se capta.

    En la página 4 del anexo "distancia focal y dimensiones del sensor" hay una buena imagen sobre como el menor tamaño del sensor reduce el ángulo y aumenta la imagen. (No es peloteo, es que no he encontrado una imagen mejor en internet)

    En este momento debería entrar en los hechos concretos y hallar el factor de multiplicación de mi cámara con mi objetivo:

     
    Canon EOS 450D

    EF-S18-135 mm f/3,5-5,6 IS
    Sensor en mm22,2 x 14,8
    Diagonal en mm26,68
    Factor de multiplicación1,62
    Focal18-135
    Focal efectiva29,16-218,7



    Según las indicaciones de los apuntes he hallado la diagonal de mi sensor 26'68 (¡Qué ratos me hizo pasar en mi infancia el bueno de Pitágoras!) y lo he dividido por la diagonal de un sensor "full frame", esto es 43'25, el resultado es que mi sensor tiene un factor de multiplicación de 1'62. Si estos resultados los aplico a mi objetivo podría decir que he recibido una noticia buena y otra mala. La buena sería que mi 135 se ha covertido en un 218'7, lo lejano se acerca. La mala sería que mi 18 aumenta hasta la cifra de 29,16 lo que no es una focal demasiado corta que digamos. El resultado es que lo que mejoro en aumento lo empeoro cuando quiero que aparezcan en la fotografía zonas más amplias. La consecuencia lógica de estos resultados sería: pues me compro una cámara "full frame" y arreglado. El problema es que cuando te pones a mirar precios de este tipo de cámaras te das cuenta de que todavía pasarás mucho tiempo dando unos pasos hacia atrás si quieres que salga toda la escena.

    Por último, debería hablar sobre lo que es la focal normal:

    Cuando la distancia focal de un objetivo coincide con la longitud de la diagonal del sensor (o tamaño de la película) se denomina objetivo normal. En este caso el ángulo de visión coincide aproximadamente con el del ojo humano dando lugar a la misma perspectiva que tenemos con la vista. Los objetivos con focal menor al objetivo normal se denominan gran angular y a los de mayor se les denomina teleobjetivos.

    Ángulo de visión de algunas distancias focales típicas
    En los sensores full frame una lente de 50 mm ofrece un nivel de aumento, y el correspondiente campo de visión, que equivale aproximadamente al ojo humano (50-55 º).

    La focal normal de mi objetivo estaría en torno a los 26'68 mm que es la diagonal de mi sensor. Otra forma de calcularlo, que creo correcta, es dividir la lente de 50 mm que sería la focal normal en un sensor "full frame" por mi factor de multiplicación, de esta manera hallaré la focal normal para un objetivo como el mío. De esta forma, al dividir 50 entre 1'62 el resultado es 30'68. Entiendo que con una distancia focal de 30 mm mi objetivo se aproximaria al ángulo de visión del ojo humano.

    Para acabar voy a poner otro ejemplo con los datos de otra cámara y otro objetivo (Es por interés, son los datos de la cámara de mi hermana, por si tengo que pedírsela prestada algún día)
     
    Nikon D90

    AF-S DX 16-85 mm 3,5-5,6
    Sensor23,6 x 15,8
    Diagonal28,4
    Factor de multiplicación1,52
    Focal16-85
    Focal efectiva24,32-129,2

    De aquí se pueden extraer dos conclusiones: la primera, evidente, es que mi hermana dispone de mejor cámara que yo; la segunda, es que un sensor mayor produce un factor de multiplicación menor, esto unido a que el objetivo parte de una focal de 16 mm da como resultado una focal bastante corta (si la comparamos con otras cámaras APS)

    Bibliografía

    Los párrafos en bastardilla han sido extraidos, y mezclados libremente, de los siguientes libros y páginas web:
    Fotografía digital práctica. VVAA.
    Complete Digital Photography. Ben Long
    Wikipedia